Queridos lectores:
Desde que tengo uso de razón soy de profesión estudiante. Seguro que muchos de los que están leyendo esto ahora mismo piensan “y yo”. Bueno, pues a todos nos llega el momento de sentir que estamos preparados (¿u obligados?) para despojarnos de esta etapa. Me encuentro en esta situación, la cual llevo deseando desde hace mucho. Pero a fecha de hoy, tras finalizar mis exámenes del último curso y a 9 días de irme a Irlanda para realizar mis prácticas, siento pánico. A esta frase se acompañarán respuestas del tipo: “mujer, es normal. Lo nuevo siempre da nervios, pero enseguida te adaptas”, “lo importante es que seas feliz”… A lo que estoy totalmente de acuerdo. Sin embargo, lo que siento es que después de años entre libros, centros educativos, risas, lloros y en definitiva una vida alrededor de la formación me siento distinta tras entregar el último examen. Estoy disfrutando con ello. Tanto que quiero saborear hasta la última gota de lo que pertenece a este mundillo, prolongar esa intriga por las calificaciones y seguir encontrándome con los esquemas y resúmenes de las asignaturas en los cajones, en la mesa, en la funda de plástico caida detrás del armario… Soy una pobre enferma seguramente. Pero tengo una sencilla explicación, se debe a que me siento afortunada e inculta. Que no cunda el pánico, no es una crítica al sistema educativo ni similar, pues eso merece mención aparte. Afortunada porque he tenido la gran suerte de dedicar alrededor de una cuarta parte de mi vida a estudiar, a convertirlo en mi actividad principal. Fortuna que millones de personas no tienen en el mundo, con todo lo que aporta y participa en nuestra forma de ser. Inculta porque tengo la sensación de que no sé nada, que desconozco la mayoría de las cosas que acontecen a mi alrededor y que no soy capaz de dar respuesta a infinidad de preguntas. No soy seguidora de Aristóteles ni pretendo ir de humilde, pero me siento así. El pánico del que hablaba al inicio.
Así que aquí me tenéis, una idealista que ante la idea de cambiar el mundo pensó que dedicarse a la educación es la mejor manera de conseguirlo, que no hay nada más importante después de cubrir las necesidades básicas. Pero me enfrento a una dura prueba para mí, cambiar mi visión. Para ello me estreno en un país extranjero, donde espero que me surjan muchas preguntas para encontrar muchas respuestas y sentirme a partir de ahora más preparada. Lo que os quiero decir es que tenía la ilusión de acabar esta carrera para sentir que he conseguido ser la persona que pretendía hace algunos años, pero soy un bizcocho que lleva 30 segundos en el horno, sólo una masa que puede que quede bien, o regular, que los bizcochos siempre están buenos.
En cualquier caso estudiar Magisterio me ha dado mucho, he encontrado mi sitio y cada día me surgen ideas para buscarme la vida, por lo menos no estoy perdida como hace algunos años. Pero la carrera no acaba aquí, está claro, con libros o sin libros. Quizá mi padre tenga razón cuando me dice que yo nunca voy a dejar de estudiar, que siempre tendré algo que aprender y mejorar. Espero que todos os hayáis sentido así alguna vez, con la cosa de que tienes una carrera pero tu no te sientes más sabio, simplemente algo más maduro.
Estáis todos invitados a ver el estreno de esta película, espero que os guste.
